El error positivo

Un libro sobre cómo convertir los errores en oportunidades.

Errores habituales (finanzas) 1 de 2

Ahí van algunos de los mejores consejos que nos han ofrecido para abordar la financiación y la gestión financiera de un negocio:

1. ¿Te merece la pena gastarte tanto en publicidad?

“Lo más importante a la hora de emprender es controlar el gasto. Te cuenten lo que te cuenten. Normalmente al arrancar el proyecto cuentas con la tesorería obtenida por líneas de crédito y subvenciones amplia y como tienes en mente comenzar a reportar beneficio pronto, no reparas en realizar inversiones. Sobre todo en el campo del marketing y la publicidad. Es muy importante dar a conocer tu marca para poder comenzar a vender e igualar la balanza de gastos/ ingresos, pero hay que pensar mucho cuanto inviertes, y en dónde, y qué retorno te puede retornar el dinero invertido en publicidad que es una de las partidas mas caras”.

2. Ojo con los tiempos de pago de la Administración Pública:

“Mi empresa funcionaba perfectamente casi desde el inicio en la hoja de Excel, la oficina no daba a basto de trabajo y tuve que contratar (buena señal), pero sin embargo, al trabajar con la Administración Pública, tenía enormes problemas de liquidez, puesto que me pagaban muy tarde, pero mis pagos se tenían que hacer en el momento (empleado, alquiler, seguros…)”.

3. Las ayudas públicas te pueden salir el doble de caras (con que sólo evites este error habitual, nos damos con un canto en los dientes):

“Las ayudas públicas se tienen que plantear de esta manera: Primero busco dinero para financiar esa inversión que necesito y después presento los papeles para ver si puedo recuperar o abaratar esa inversión. Tienes que tener presente que puede que no te concedan esa inversión. Si no se hace así, puede que al emprendedor le termine costando el doble de lo que debería haberle costado en un principio”.

4. Te vas a quedar corto con tus previsiones de ingresos y más aún con tus gastos:

“Para evitar esto tienes que tener muy claro que cobro no es igual a ingreso, y que gasto no es igual a pago. Y el truco es que el desfase temporal cobro-ingreso de tus trabajos, que, por supuesto, no eliges tú, lo tienes que ajustar mediante un desfase análogo en tus pagos-gastos, que eso sí que lo puedes negociar”.

Anuncios

Archivado en: libro

Errores habituales (dar forma a la idea de negocio)

A partir de esta semana vamos a hacer una selección de los mejores consejos que hemos reunido para evitar errores a la hora de poner en marcha un negocio.

Para empezar, estos son algunos de los errores más habituales que se cometen a la hora de dar forma a una idea de negocio:

1. Es un error pensar que únicamente montas la empresa para ganar dinero:

“Si sólo estás pensando en hacerte rico… vas por muy mal camino. Tienes que tener vocación de empresario. Para empezar, plantéate qué tipo de empresa quieres crear, y con qué proyección de futuro. Mientras más claro esté el camino que quieres seguir, menos te perderás. Hay emprendedores que montan su empresa únicamente porque se quedan en paro y no tienen –o no ven– otra salida. A la larga, está demostrado que esto es una fuente continua de problemas. Si un emprendedor no está motivado, por mucho que te asocies después con otras personas que estén motivadas o que tengan más claro por qué quieren emprender, si algo sale mal terminarás tirando la toalla a la primera de cambio”.

2. El peligro de ‘desenfocarse’:

“Los emprendedores suelen desenfocar del objetivo principal de una empresa: vender, vender y vender. Nos descentramos con mucha facilidad. Céntrate en la calidad de tu producto, en el momento de venta de tu producto o de prestación de tu servicio, y en tener un buen servicio post-venta. Y el resto subcontrátalo. Supervísalo, pero subcontrátalo (tanto lo que no sepas hacer como lo que te requiera un esfuerzo que te quite de vender). Si sueñas con tu idea, en lugar de con las cuentas, se te van a ocurrir muchas más ideas. Pero, cuidado, eso no quiere decir que te desentiendas”.

3. Tú no vendes lo que quieres, sino lo que la gente quiere comprar:

“Cuando arrancas con tu negocio no es tan importante hacer un business plan perfectamente definido a tres años como saber de dónde te van a venir tus ingresos. Para hacerlo bien no sólo tienes que echar cuentas, también tienes que salir a la calle y hablar con tus clientes potenciales, primero, y con gente de tu sector. Esto te llevara seguramente a rehacer tu plan inicial. Un buen plan de negocio y un estudio de mercado hecho por el propio emprendedor tocando puertas personalmente es la mejor manera de empezar con unas garantías razonables de éxito”.

4. No abras la puerta sin tener clientes:

“No se puede abrir la puerta de la empresa y ponerse en el despacho a esperar clientes o comenzar en ese momento a pensar en cómo tenerlos. Ese trabajo debe de estar hecho de antes. Has debido ya captar algunos clientes, que te aseguren algún ingreso o tener claro cómo van a entrar por tu puerta. Los negocios de los emprendedores suelen ser débiles en cuanto a capitalización y no pueden permitirse el lujo de acabar con los recursos económicos antes de haber tenido tiempo de poder demostrar que tienen un lugar en el mercado”.

5. Te estás olvidando de tu competencia:

“Por si no te lo han dicho todavía, siempre vas a tener competencia. Antes, durante… y después. Una primera señal para saber si tu plan de empresa no funciona es cuando aseguras que no tienes competencia o se te olvida mencionar cómo es tu competencia. Y por competencia no sólo tienes que tener en cuenta tu competencia directa, también tu competencia indirecta”.

6. No da lo mismo en qué momento lanzas tu empresa:

“Planifica y decide la creación de tu empresa con antelación procurando siempre que te sea posible que el inicio de tus operaciones coincida con el año natural. No pienses en las subvenciones como base de tu empresa cuando quieras empezar un negocio… lo único que conseguirás es perder tiempo. Eso sí, infórmate de las exenciones y ayudas que existen para emprendedores”.

7. Huye de exageraciones en tu plan de negocio:

“Tu plan de negocio tiene que ser realista, nada de “vamos a ser lideres mundiales, conquistaremos el 1% del mercado chino, no tenemos competencia, nuestra tecnología es única”.Un plan de negocio no deja de ser una venta. De hecho, la primera venta de tu empresa es la venta de tu empresa a tus inversores, tanto si es a un banco, como a un inversor privado, como a un business angel, como si es al responsable de adjudicar una subvención concreta en un departamento de la Administración pública”.

Ahora barremos para casa: en la revista Emprendedores escribimos una sección en la que sugerimos ideas de negocio a partir de cosas que leemos en la prensa extranjero, investigamos en Internet, nos encontramos en el BOE o sencillamente imaginamos. A veces, también, escribimos reportajes más largos donde hacemos verdaderos brainstorming de ideas de negocio.

Archivado en: libro

Entrevista a Alfonso Gutiérrez, fundador de Visual MS/Velneo

Hace unas semanas, brujuleando por la blogosfera en busca de emprendedores que reconocieran sus propios errores nos encontramos con esto:

“Los éxitos son más informativos que los fracasos. Si tienes éxito, todo está bien, en la web existe más información sobre éxitos que sobre fracasos. Todos los días podemos leer en los blogs miles de post relativos al éxito de empresas. Todos conocemos información sobre éxitos como Google, Apple y Microsoft. Lo que no nos damos cuenta es que donde existen realmente lecciones son en los fracasos, de lo que realmente se aprende es de equivocarse. En mis 10 años en el mundo de la empresa han sido cientos de errores y fracasos de los que aprendí realmente lecciones de vida”.

Quién contaba esto (ahí va la entrada original) es Alfonso Gutiérrez, un emprendedor que reconocía en primera persona haber cometido errores. Se nos ocurrió que era una buena idea entrevistarle. Éste es el resultado:

1.- Del fracaso al éxito sólo hay un centímetro…

“Cuando era un guaje jugaba en un equipo de fútbol. Un día el entrenador me dio una lección que nunca olvidaré. Este entrenador tuvo la suerte de haber compartido banquillo con Diego Armando Maradona cuando Diego jugó un año en el Sevilla. Entonces le pregunté:

¿Qué diferencia a Maradona de los demás jugadores?

Un centímetro… Diego le pega al balón un centímetro más abajo o más arriba que los demás. Eso hace que vaya a la escuadra o que se vaya fuera.

Del fracaso al éxito sólo hay unos pequeños centímetros de diferencia. Para llegar al punto exacto tienes que probar (fracasar) una y otra vez hasta que encuentres el punto justo. No he conocido a ningún buen jugador de fútbol que no haya errado miles de tiros a fútbol antes de enchufarlas en la escuadra”.

2.- El fracaso es la antesala del éxito…

“El fracaso es un paso anterior al éxito y todo lo que se salga de ahí es, como el burro, tocaste la flauta por casualidad. En los negocios siempre se busca que suene la flauta, el pelotazo, el gran acierto, que suene la flauta. Todo lo demás parece que no vale. Lo que no nos paramos a mirar es que las grandes empresas no se hacen en un año, se necesitan años de errores, de equivocaciones para tener éxito. Al fracaso no hay que temerlo, hay que amarlo, entenderlo, comprenderlo y extraer la fuente de conocimiento que existe en cada uno de ellos.

La sabiduría la da el fracaso, no los libros, no los blogs, los humanos sólo aprendemos de lo que hemos vivido. Está claro que un libro nos puede enseñar a pegarle mejor a un balón, pero al final señores hay que pegarle y mandarla al anfiteatro para saber que se siente.

3.- ¿Se aprende de los errores?

“El fracaso no es el problema, lo realmente importante es cómo reaccionas ante tus fracasos, cómo los afrontas, qué lecciones extraes. Lo grande de un fracaso es volver a levantarte y volver a tirar a portería aprendiendo que podemos mejorar de lo anterior.

De cada fracaso, de cada error, se sacan conclusiones básicas, se aprende. Cuánto más grande es el fracaso, más se aprende, porque el recuerdo emocional que se nos queda grabado es mayor. Tardamos más en olvidarlo por lo tanto el aprendizaje es mayor. Todo el mundo fracasa, los mayores triunfadores de la historia tienen una vida plagada de fracasos y errores. Entonces, si todo el mundo fracasa, ¿Qué diferencia a unos de otros?”

4.-¿Cómo reaccionas ante el fracaso?

“Lo primero y básico ES RECONOCERLO. Nos cuesta mucho ver nuestros errores porque nunca los identificamos, la culpa es del compañero, la empresa, el país y sino de la mierda de mundo en el que vivimos. Tendemos a buscar culpables de nuestros fracasos en todos los sitios posibles menos en el único efectivo, NOSOTROS MISMOS. ¿Qué será más fácil? que cambie yo o conseguir cambiar al compañero, la empresa, el país y el mundo en el que vivimos. Además si analizamos las cosas cuando realmente cambiamos nosotros cambiamos el mundo que nos rodea.

Cuando lo reconoces, lo miras, piensas en él, analizas porque ha ocurrido, te preguntas: ¿Qué debo hacer la próxima vez? ¿Cómo puedo evitarlo? ¿Cómo mejorar? ¿Qué tengo que cambiar en mí?”

5.- ¿Qué papel juega la sociedad en la que nos movemos?

“El problema real del fracaso es que es un problema de educación y sociedad. Lo vemos cada día en periódicos, TV y radio. Los errores son pagados con castigos, con culpables. La gente se ríe de los que fracasan, de los que lo intentan, de los que tratan de hacer cosas. Por eso existe miedo a emprender y hacer cosas.

Nuestros padres nos castigaban cuando hacíamos algo mal, realmente el aprendizaje que obteníamos era “No volver a hacerlo, no volver a intentarlo”. Cuando alguien fracasa en un puesto de trabajo, lo despiden, le quiebra la empresa; se siente culpable y le cuesta un montón ir a su casa a contarlo. Lo más probable es que sus amigos y familiares le digan la famosa frase española “Ya te lo avisé”. Si un equipo de fútbol pierde un partido, si un partido político se equivoca, si una empresa mete la pata, al día siguiente es crucificado públicamente y cientos de personas dirán: “Ya se veía venir” “Esto ya lo decía yo” “A la calle”. Si socialmente se valorara a la gente que trata de conseguir cosas y no se les martirizara, las cosas serían diferentes.

Por tanto debemos darnos cuenta de que no existe tanta diferencia entre el éxito y fracaso. Que al éxito se llega con mucha práctica de fracasos previos y rara vez por causalidad. Para llegar al éxito debemos de aprender antes de nuestros fracasos y para aprender de ellos hay que reconocerlos previamente. No nos dejemos llevar por el tópico social de que el fracaso es malo sino por la realidad de que el El fracaso es el único camino hacia el éxito. Escrito con la sabiduría que da el fracaso”.

Archivado en: libro

Reflexión sobre la “cultura del fracaso” en Expansión

Esta mañana nos hemos encontrado en la sección de Empresas de la edición impresa de Expansión con un artículo de opinión (enlace en Internet sólo para suscriptores del diario) del profesor del IESE Santiago Álvarez de Mon en el que habla sobre la cultura del fracaso a raíz del suicidio del portero alemán de fútbol Robert Enke (no vamos a entrar en si viene a cuento o no vincular su suicidio con un fracaso profesional).

Lo que nos ha parecido interesante del artículo es que el profesor del IESE está de acuerdo con nosotros en que error y fracaso no son sinónimos. Dice Álvarez de Mon:

“No podemos confundir el error con el fracaso. No son sinónimos. Si preparo a conciencia un partido determinado, si gasto toda la gasolina de mi motor, si gozo mientras desarrollo mis conocimientos y habilidades, si mi actitud es positiva y valiente, y luego pierdo, ¿he fracasado? Si trabajo con celo y seriedad, y un jefecillo desaprensivo prescinde de mí como si fuera un kleenex, ¿he fracasado?”.

Tiene toda la razón: ni cometer errores (añadimos nosotros: los vamos a cometer, es inherente al ser humano, imperfecto por naturaleza) ni perder (que nosotros pongamos los medios para conseguir algo no quiere decir que lo consigamos) significan que se haya fracasado. Pero es que hay más.

El hecho de que los demás consideren que has fracasado no quiere decir que lo hayas hecho. En el libro entrevistamos al equipo directivo de la empresa de bicicletas Orbea. Su historia es la de una compañía cuyo sector creía que se estaba equivocando, y con pequeños errores (en el corto plazo parecían tener una dimensión mayor de la que realmente tenían…), y, sobre todo, sin miedo a equivocarse, estaba poniendo las bases para una historia de éxito.

En el fondo, el ser humano no tiene miedo a cometer errores, sino al propio miedo. En el libro buscamos raíces sociológicas a este fenómeno:

A comienzos de 2007 dos psicólogos estadounidenses, Lisa Blackwell de la Universidad de Columbia, y Kali H. Trzesniewski, de la Universidad de Stanford presentaron un estudio sobre cómo evalúa el ser humano los errores. Sus investigaciones han demostrado que las personas con un mejor desempeño de sus funciones no pierden el tiempo rumiando sus fallos —vamos, que no se regocijan en sus errores—, sino que buscan la forma en la que creen que se pueden resolver esos problemas —vamos, que le dan vueltas al coco pensando cómo pueden resolver un problema o qué estrategias pueden seguir para que no les vuelva a ocurrir—. ¡Eso es el error positivo!

Según Blackwell y Trzesniewski, a la hora de aprender —el estudio lo llevaron a cabo con estudiantes universitarios— hay dos tipos de personas: aquellas cuya confianza en sí mismos se quiebra con los errores, porque atribuyen el error a una falta de habilidad, y evitan los retos porque es habitual cometer errores cuando se afrontan nuevos desafíos; y aquellas personas que creen que los errores ofrecen oportunidades, que quieren aprender por encima de cualquier otra cosa, y que creen que si trabajan más, consiguen más. Los estudiantes del primer tipo sentían que aprender era un objetivo más importante que obtener buenas notas. Además, estaban convencidos de que cuánto más trabajaban, mejor era el resultado y se hacían más expertos. Llegaron a entender que incluso los genios tiene que trabajar duro para conseguir objetivos. Cuando recibían una nota negativa, decían que estudiarían más y que buscarían nuevas estrategias. Sin embargo, los otros estudiantes estaban más preocupados por parecer inteligentes que por aprender. Tenían una visión negativa del esfuerzo: estaban convencidos de que tener que trabajar más significaba una baja habilidad. Pensaban que una persona con talento o inteligencia no necesita trabajar para obtener buenos resultados. Atribuían a una baja habilidad cualquier fallo. Su objetivo era estudiar cada vez menos —porque, en teoría, cada vez serían más hábiles—. De hecho, aseguraban que nunca volverían a abordar aquellos problemas que no habían sabido resolver y no descartaban hacer trampas en exámenes en el futuro.

En un ejercicio de imaginación, traslada ahora los resultados de esa investigación académica al mundo de la empresa… Pues sí, encaja. ¿Te has dado cuenta, verdad?

Si te interesa, puedes descargarte el primer capítulo de nuestro libro aquí.

Archivado en: libro

El error positivo en Twitter