El error positivo

Un libro sobre cómo convertir los errores en oportunidades.

La línea de negocio con más facturación no tiene por qué ser la más rentable

Hemos publicado en Emprendedores un artículo sobre cómo calcular el margen de contribución de cada una de las líneas de negocio o de servicio. Hay más cálculos y otras formas de llegar a las mismas conclusiones, pero nosotros nos hemos quedado con esto. Nos encontramos con muchos emprendedores que creen que la línea de negocio con la que más facturan es la más rentable… y claro, se nos ocurrió escribir este artículo. Conocer la rentabilidad de tus líneas de negocio te ayuda a conseguir liquidez cuando la necesitas. Puedes leerlo pinchando AQUÍ.

De nuevo, no hemos descubierto la rueda, pero nos encontramos con que hay cálculos muy sencillos que, sencillamente, por la presión del día a día no se hacen. Y se debería. Como nos contaba Javier Fuentes Merino, profesor de Investigación Comercial de la Universidad Autónoma de Madrid.

“Puede ocurrir que le estés dedicando el 60% de tu tiempo a la línea de negocio que menos rentabilidad sobre tus ventas te está dando y el resto funcione en modo automático sin que le prestes atención, pero también sin sacarle más provecho”.

E insistía Eduardo Navarro, autor del libro ¿Quieres salvar tu empresa? (Gestión 2000):

“Se suele llegar a conclusiones erróneas porque se intentan simplificar los análisis y se pretende llegar a grandes conclusiones sin realizar análisis complejos. Se hacen apreciaciones del tipo: ‘Como ese cliente tiene un rappel, debe de ser poco rentable’ o ‘la materia prima de aquel producto cuesta poco, y, por lo tanto, se debe ganar mucho dinero…”.

Por cada euro que facturas, ¿sabes cuánto ganas? ¿Sabes cuáles de tus productos o líneas de servicio te dejan más margen… son más rentables? ¿Sabes calcular con cuáles estás ganando, de verdad, más dinero? Es tan sencillo como analizar con detenimiento tu cuenta de explotación y calcular el margen de contribución de cada uno de esos productos/líneas de servicio.

Bueno, tú mismo/a. Por si no fuiste corriendo al kiosco a comprar el número de agosto de Emprendedores.

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La culpa de todo, la tiene Yoko… ¿o no?

Uno de los errores más frecuentes en los emprendedores, cuando algo les va mal, es echar la culpa de sus males a los demás: al mercado, porque no estaba preparado para asumir su producto y/o servicio; a la competencia, porque ha tirado los precios; a los clientes, porque no han sabido ver el valor diferencial de su producto y/o servicio; al equipo, porque no se ha esforzado lo suficiente; al proveedor, porque no ha entendido qué es lo que quería… al mundo entero.

El problema de este error es doble, porque no asumir los errores te llevará a cometerlos de nuevo, ya que no se ha hecho un ejercicio de reflexión acerca de qué ha pasado, por qué ha sucedido, cómo se puede hacer de otra forma, etc.

Esto viene a propósito de un interesante post que hemos leído de Rodolfo Carpintier, fundador de DaD, incubadora de negocios de Internet, en el que aporta –a propósito de si un inversor apostaría por un emprendedor que hubiera fracasado con anterioridad– una acertada reflexión: si dicho emprendedor “reconoce que el fracaso es en parte su culpa y dónde ha metido la pata, si sabe qué no debe hacer para no incurrir en el mismo error y si razona muy bien sus errores pasados y el aprendizaje que ha sacado de ellos”. Argumenta además Carpintier que “lo que el inversor ve con muy malos ojos es alguien que ha fracasado y explica que todo se debe a los demás, que él no ha tenido ninguna culpa y que el mercado, los competidores, los empleados o los socios han sido los responsables. Esto demuestra que no ha aprendido nada y en ese caso, no se debe apostar por el/ella”.

Tirar balones fuera no es la mejor estrategia…, sin duda es la peor.

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