El error positivo

Un libro sobre cómo convertir los errores en oportunidades.

Einstein no era un espía o por qué no es tan malo el apalancamiento financiero… si te lo puedes permitir

Hasta ahora estaba más que convencido de que si te disponías a poner en marcha un negocio lo mejor era no pedir (al menos, no tener que…) dinero a nadie. Al menos eso era lo que le había entendido a todos los expertos que había entrevistado hasta ahora. Así que hasta ahora, tenía entendido que si alguna vez llegaba a tener, no sé, por ejemplo, 100.000 euros para un proyecto, era mejor que palmase yo esa pasta antes que pedir dinero a un banco o a un socio capitalista. Pero ahora resulta que me encuentro con que esa afirmación tan contundente, tan wagneriana, so mächtig, dass Aussage, pues que no está tan clara. Que no pasa nada, si te salen las cuentas, por poner un 40% propio y pedir el resto a un banco o a una firma de capital público.

Vamos, que me pasaba como al FBI con Albert Einstein cuando el Gobierno de Estados Unidos le propuso sumarse al Proyecto Manhattan: que me escamaba. Pero, al final, como el FBI, resulta que estaba equivocado: ni Einstein era un espía alemán, ni contar sólo con recursos propios es la panacea.

Yo os cuento lo que me han explicado y vosotros me decís si estáis de acuerdo o no. Un experto me ha contado, abanicazo va, abanicazo viene, esto:

“Una empresa, está claro, se pone en marcha para ganar dinero. Un emprendedor va a procurar ganar el mayor dinero posible, poniendo el menor dinero posible –o porque no lo tiene o porque lo puede/quiere dedicar a otros fines–. Por lo tanto, espontáneamente, le viene bien dinero de otros… Le interesa, por tanto, el apalancamiento financiero. ¿Cuál es el límite del apalancamiento? Si la rentabilidad de tu negocio es superior al coste del apalancamiento, entonces te interesa”.

Es una regla sencilla, vale; pero, claro, hay que saberla medir. Básicamente, porque el coste de los recursos ajenos habitualmente no es único y tienes que calcular un coste medio ponderado, según las distintas fuentes de financiación que tengas. Puedes tener una línea de crédito con el banco, un préstamo de proveedores, un factoring, deuda a corto, deuda a largo… y cada una de estas fuentes tiene sus condiciones. Y tienes que analizarlo bien, porque si no te salen las cuentas, no te merece la pena apalancarte, por mucho que te ayude a arrancar con tu negocio.

Otro experto añadía esto otro, entre granizado de sangría-él– y granizado de limón -no bebo cuando estoy de servicio, además de que me baja la tensión-:

“Las empresas que no se endeudan son empresas que tienen un coste de oportunidad de crecimiento. También es una opción perfectamente respetable. Pero si tú tienes una rentabilidad superior al coste del dinero en el mercado, tienes que saber que si no te endeudas, puede ser porque no te interesa, porque decides no hacerlo… y si lo haces pudiendo necesitar dinero que no tienes, estás renunciando a crecimiento. Y ese es un mensaje que también merece la pena tener en cuenta. Es una política conservadora, que en tiempos malos se demuestra buena, pero en tiempos de bonanza te puede llevar a perder capacidad competitiva respecto a otras empresas”.

Como no es lo mismo arrancar un negocio, que gestionar uno ya en marcha, se me ocurrió plantear -para que Walter Burns se sienta orgulloso de mi- la siguiente duda que sobrevuela las cabezas de muchos emprendedores que van a arrancar: Si tengo el dinero que necesito para montar el negocio, ¿tiro sólo de recursos propios, como le he oído decir alguna vez a eseinconsciente periodista, o busco también recursos ajenos? Esto es lo que me respondieron:

Uno dijo:

“Yo echaría números, y según las previsiones de rentabilidad y en función del resultado evaluaría si puedo retribuir a un financiador externo. Siempre pensando en deuda. Si puedo hacer frente a un crédito o un préstamo participativo, iría. Y me dejaría mi dinero como recurso de última instancia en el caso de que hiciera falta una aportación adicional. Uno de los problemas que les ocurren a los emprendedores es que aplican gran parte de los recursos que tienen en la puesta en marcha del proyecto y cuando están asfixiados en tesorería es cuando ya no pueden poner el dinero para comercializar el proyecto, con lo que se estrangulan ellos mismos. La escasez de recursos en la fase de puesta en escena siempre va a afectar a la política comercial, a los gastos comerciales. Y esos gastos comerciales van a condicionar la entrada en el mercado, y eso va a condicionar la entrada en el proyecto”.

Vamos, que no te la juegas en una primera ronda de financiación, ¿no es eso?

Y otro:

“Si puedes pagar deuda, búscala. Mantén un remanente para imprevistos, porque puedes tener problemas de circulante más adelante. Es mejor poner dinero tuyo porque si ya has agotado tu capacidad de endeudamiento previa no te van a dar dinero. Recomendaría echar números y ver relación entre ROI esperado y coste del dinero.

Y pregunté también qué pasaba si en lugar de pedirle pasta al banco -más reacio a dártela cuando arrancas, pero que tampoco hay que descartar-, se la pedías a un socio capitalista -igual de reacio, pero con mejor prensa-, a lo que me respondió otro experto:

“Es distinto tener deuda que tener socios. Un socio que no forme parte del núcleo promotor puede ser una persona que pueda llegar a influir, que puede llegar a distorsionar el modelo de negocio que quiere implantar el equipo promotor. No es lo mismo la deuda que el capital. En ese segundo caso, pondría más dinero mío que admitir a otro socio. Y siempre guardaría dinero mío por si la empresa va luego mal. Hay que distinguir entre la economía de la empresa de la economía personal.

Concluyendo: que ya no tengo tan claro que haya palmar la pasta propia.

Como decía el bueno de Churchill, “una buena conversación debe agotar el tema, no a sus interlocutores”, así que lo dejo aquí.

¿Qué opináis vosotros? ¿Cuál es vuestra experiencia? Venga, animaros.

(Este post apareció inicialmente en la revista http://www.emprendedores.es con el título Einstein o el apalancamiento financiero.)

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