El error positivo

Un libro sobre cómo convertir los errores en oportunidades.

¿Cómo que la banca frena a los emprendedores tecnológicos?

Yo y mi manía de hacer amigos a cualquier precio. En fin. Allá voy.

Desde hace tiempo sigo con admiración y envidia a partes iguales -he decidido ser razonablemente más honrado este curso académico, y sí, varios lustros después de dejar el colegio y la universidad esa sigue siendo una de mis medidas de tiempo- al columnista del diario británico The Guardian Ben Goldacre y a su sección de Mala ciencia, en la que le pone la lupa encima a cualquier noticia o reportaje de origen científico -venga de una nota de prensa interesada de una farmacéutica o venga de la pluma bienintencionada de un periodista científico que se pierde con las estadísticas y no está acostumbrado a cuestionar a sus fuentes-. Desde las supuestas bondades de fármacos hasta los inverosímiles datos estadísticos que tanto gusta publicar -no sé, como que dos de cada tres periodistas tienen sueño a las tres de la tarde, bueno tú ya me entiendes-.

El caso es que llevo tiempo dándole vueltas a importar esta idea y trasladarla al mundo de la economía -y al nicho de los emprendedores- y llamarlo algo así como Mala Economía.

El caso es que nos ha llegado a la Redacción recientemente una nota de prensa del Startup Bootcamp que reza: “La banca frena a los emprendedores tecnológicos europeos”. La nota asegura que, “según una encuesta realizada a 115 emprendedores hay un fallo en las organizaciones financieras” y que “el potencial de los empresarios de tecnología europeos se ha estancado debido a la banca y la comunidad financiera europea”. ¿El quéeeeeeeeee? A ver señores, tengamos cuidado con los mensajes que lanzamos. A los bancos se les puede acusar de muuuuuuchas, muuuuuuuuchas cosas -y eso lo puede explicar mejor que yo cualquier periodista de macro, que a mi, me sacas de la microeconomía y me pierdo y prefiero derivaros a Michael Lewis-, pero decir que frenan a los emprendedores, ufff, como que es meter una idea chunga -muy chunga- a futuros emprendedores y a emprendedores que acaban de empezar y luego se creen estas cosas y piensan que o les entra un capital riesgo o se incuban o están perdidos. Más que nada porque se pueden creer que necesitas dinero del banco para crecer o que no creces si no te da dinero el banco o que no tienes empresa sin dinero externo.

A ver, que me entere yo bien. ¿El banco te tiene que dar pasta para crecer o si no, no creces? ¿Los emprendedores tienen que esperar que sean los bancos los que les den dinero para crecer? Porque si es así, no lo entiendo. Desde que comenzó la crisis, y sobre todo en el último año, las historias de emprendedores tecnológicos más interesantes que nos han llegado han arrancado y han crecido… con fondos propios, con el dinero que era capaz de generar el negocio, renunciando a repartir beneficios, con sueldos justitos, que todo llegará -no sé, por ejemplo, Genera Interactive, por hablar de una historia de éxito-. Y algunas de las empresas españolas tecnológicas que más admiro -sobre todo porque entraron en sectores que ahora ya funcionan, pero que hace cinco suponían una apuesta arriesgada- han crecido sin préstamos, ni subvenciones. Y no tecnológicos, ya ni te cuento. Y como han generado pasta, y han demostrado que saben cómo ganar pasta, no han tenido problemas para encontrar luego pasta, que a lo mejor ahí está el problema.

Cuando leo este tipo de mensajes, luego me cuadra cuando nos llegan a la Redacción proyectos tecnológicos que:

1. No tienen en cuenta, los plazos de arranque. Todo el mundo cuenta con estar facturando en porcentajes altos el primer mes. No tienen en cuenta los periodos de cobro de los clientes (un cliente que te pague a 30 días ya es un chollo hoy en día).

2. No miran tampoco el periodo de maduración del desarrollo del proyecto. Si desde que empezáis a negociar el contacto con el cliente hasta que firmáis el contrato y luego hasta que les envías los productos o prestáis el servicio hay una elaboración por medio o un tránsito de importación por medio, eso hay que valorarlo.

Claro, como esperan a que les metan dinero y no tienen que preocuparse por el negocio… ¿Para qué van a tener otra línea de negocio que genere pasta? Son negocios cuyos hitos son pedir pasta, mucha pasta. Y como explica gente que sabe de estas cosas más que yo, comoAntonio Manzanera, los hitos tienen que ser de producto, de servicio, de negocio, y si se pide pasta, pedir poco a poco.

Creo que los titulares que habría que lanzar si queremos meter el miedo en el cuerpo a los emprendedores deberían ir en esta otra línea:

La falta de previsión en los plazos de arranque frena a los emprendedores tecnológicos

Ignorar el periodo de maduración de un proyecto frena a los emprendedores tecnológicos

La incapacidad para generar ingresos desde el primer día frena a los emprendedores tecnológicos

La incapacidad para demostrar que son capaces de generar ingresos a potenciales inversores que sí tienen pasta frena a los emprendedores tecnológicos

Porque los que se saben esto, saben luego crecer sin tener que depender de un banco o saben crecer con solidez como luego ir a pedir dinero a bancos o inversores (que en ese caso, nos cuentan muchos emprendedores en las barricadas, sí que dan pasta).

Y luego la gente se enfada cuando les digo que viven en Emprendelandia (país al que, por cierto, tengo que llamar a parti de ahora Emprendistán, ya que acaba de salir una plataforma de crowdfounding para emprendedores con el mismo nombre).

(Entrada original en www.emprendedores.es)

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“Eres un hombre malo, malo”

Una cosa es la teoría y otra muy diferente, la realidad.

Como es viernes, me voy a permitir una referencia televisiva que ya sé que a más de uno se le va a escapar, pero a la que no me puedo resistir.

No creo que muchos de vosotros siguieráis en su día la serie Seinfeld, pero la verdad es que me viene al pelo y voy a arriesgarme -¿no digo siempre que hay que salir de la zona de confort?-. Si sois fans de la serie, seguro que os gusta el episodio ‘El café’, en el que Jerry le ofrece consejos empresariales a un emprendedor pakistaní, Babu, que acaba de abrir un café con unos resultados un tanto flojetes. Resulta que cada consejo que Jerry le da a Babu es peor que el anterior y el negocio va cada vez peor. A medida que Jerry le va aconsejando, Babu le va cogiendo tirria. Al final, cuando su negocio ya boquea, termina diciéndole a Seinfeld, con acento pakistaní: “You, very bad man”.

El martes, cuando volvía a casa del trabajo, me pasé por una tienda que está cerca de casa y me sentí a “very bad man” además de a “very fool man”. El dueño de la tienda estaba trasteando con el ordenador, resulta que trasteando con el programa de administración de su página. “Acabamos de lanzar la tienda online, a ver qué tal nos va”, me dice el dependiente (que, sirva en mi descargo, no tiene ni idea de a qué me dedico).

El caso es que pongo cara de Jorge el curioso y me enseña su nueva tienda online. Me dice: “Mira, me he currado el desarrollo en flash”. Y voy yo y digo: “Hmmmm flash para una tienda online… ¿Eso no va a echar a los clientes para atrás?”. Sigo con que si el proceso de conversión a la compra online es ya, de por sí, bastante lento como para no dar todas las facilidades: que si pocos clics para comprar, que si facilidad de carga, que si tiene que funcionar en todos los navegadores… Él me me responde: “A mis clientes no les va a echar. Si entran aquí es porque quieren un producto muy concreto”. El caso es que le cito unas cuantas empresas de su competencia online porque me siento algo herido en mi orgullo periodístico (los expertos que entrevistamos en la revista siempre nos dicen que en una tienda hay que huir del flash como los Gremlins del agua). El emprendedor me responde: “Ya, pero aunque venden productos del mismo sector no tienen nada que ver”. Lo dice y tiene razón. Luego me enseña el flash y veo que es muy divertido y que efectivamente los productos -que aparecen ya con precios con IVA- son atractivos.

Pero, yo, don erre que erre. “¿Paypal? ¿Contrareembolso…?”, le pregunto por las formas de pago. Ahí, nada que objetar tiene de todo. “Bien, bien”, le digo yo, como un abuelo que revisa las notas de su nieto, y él me mira como el nieto que observa cómo su abuelo revisa sus notas sabiendo que no tiene jurisdicción sobre ellas.

Luego monologo -en el sentido académico, no en el sentido el-club-de-la-comedia- un rato sobre la importancia de retener a los consumidores online en la web:

  1. Que si hay que apoyar al consumidor en su decisión de compra. Que si a veces los consumidores se quedan a mitad de camino porque buscan info para “reafirmar su compra”.
  2. Que si el re-marketing ayuda a los negocios online con esos clientes potenciales mientras navegan en otros sitios web. Que si les puede lanzar mensajes u ofertas desde otros sitios, que si las tasas de conversión que se alcanza con el remarketing están en torno a un veintitantos por ciento [esto luego lo he mirado, y están en un más realista 18%, que ya será menos].
  3. Que si hay que ser capaces de dar la bienvenida a los compradores que regresan, recueprando sus carritos abandonados rebautizados en listas de deseos. Que si hay que mantener un par de meses los carritos abandonados antes de borrarlos…

Y blablablabla. Estaba lanzado.

Y añado: “¿Y el transporte? Porque la logística es un tema peliagudo en el comercio electrónico”. Y va y me da el nombre del operador que el 100% de emprendedores (que ya llevan un tiempo vendiendo online) y los expertos citan como si fuera el mismísimo Chupacabras -aquí el guiño no es para los seguidores de Seinfeld, sino para los de Expediente X–.

“No, hombre, no”, digo.

“¿Por qué?”, me pregunta.

Y le cuento que en nuestra zona no funciona muy allá, que ofrece unos tiempos de entrega que, en fin, le van a dejar fuera de mercado. Y él me responde: “Mira, es el más barato y queremos probar. Además, no enviamos en 24, ni en 48 horas, sino en cinco días. Queremos probar e ir viendo. Además, los clientes que nos compran no tienen prisa por recibir el producto”.

Y ahí es ya donde me callé. Ya no pregunté por los gastos de envío (razonables, según he visto después en su web). Me acordé en ese momento del episodio de Seinfeld. Y me sentí un poco Seinfeld. Él sabe más sobre su negocio que yo. Es cierto que la batalla logística es la clave en muchos mercados: alimentación, moda, descuentos… pero no en el suyo. Y si esto es cierto, a lo mejor hay tiendas que para diferenciarse pueden permitirse un poquito de flash. Sobre todo por la diferenciación del producto.

No me dijo lo de “You, very bad man”, porque, afortunadamente, no me hizo caso.

Y me alegro.

¡Qué narices sé yo de su negocio!

(Este post apareció inicialmente en http://www.emprendedores.es con el título ‘You, very bad man’.)

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La actitud no es suficiente para emprender

El otro día, mi hija –que tiene seis años– estaba jugando a ser ‘mayor’. Cogió su mochila, la abrió, metió dentro su ‘portátil’ de Caillou, cogió un móvil que ya no usamos en casa, y me dijo que se iba a trabajar. Sorprendido le pregunté que en qué trabajaba y ella me dijo, mientras andaba por el pasillo de casa camino de su ‘trabajo’, que era emprendedora. Mi mujer y yo nos miramos con cara de poker y, en ese momento, lo primero que pensé fue que había creado un monstruo.

Reflexionando sobre la respuesta de mi hija, comprendí entonces que con sólo seis años –casi siete, como insiste ella– acababa de explicarme qué es un emprendedor… en este caso, emprendedora. Y todo ello, sin que antes nos hubiéramos sentado ella y yo para hablar del tema… porque sólo tiene seis años y su cabeza tiene –y debería tener– otras preocupaciones.

Lo que ella venía a decirme con su actitud es que es una persona que trabaja para sí mismo, que no tiene ataduras, que necesita poco para hacerlo (un portátil y un teléfono) y que camina sonriente hacia su futuro.

Para empezar, está bien, al menos, tener esa actitud para afrontar ese futuro emprendedor, pero también es cierto que no sólo de actitud sobrevive el emprendedor. En las últimas semanas, nos bombardean en televisión con un anuncio en el que se dice que ‘emprender es una actitud’…, pero emprender es mucho más que eso. Está bien que el emprendedor afronte su futuro con buenas intenciones, pero necesita otras muchas cosas más… todas aquellas que llevamos años insistiendo desde la revista: organización, planificación, estudio, análisis, talento, esfuerzo, trabajo y mucha cabeza.

Hace unos días, recibí una invitación para asistir a la edición 2012 de iWeekend Castellón, un evento al que acudí el año pasado –reconozco y reconocí entonces– con ciertos prejuicios. Entonces, pensé: “¡Qué demonios harán 50 tipos reunidos durante un fin de semana para emprender! Seguro que han puesto una buena excusa para tomar copas”. Tras ‘vivir’ ese fin de semana con todos ellos, volví muy sorprendido. La imagen que me traje de esa experiencia fue ver a medio centenar de personas trabajando codo con codo –la mayoría no se conocía entre ella– por sacar adelante dos proyectos de dos emprendedoras –a las que tampoco conocían previamente y con las que horas antes habían competido por defender sus proyectos–. En ese fin de semana –cuando la gente normalmente se reúne para divertirse y desconectar de la rutina diaria del trabajo–, ese medio centenar de personas –algo más– se encerró desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche para crear, para innovar, para desarrollar, para compartir experiencias, para aprender, para trabajar en equipo… y encima pagando –porque para poder asistir hay que pagar 50 euros, una cantidad irrisoria si se compara con todo lo que ofrece el evento–.

iWeekend me demostró que sus participantes no sólo tenían y tienen actitud sino que además tenían otra serie de valores necesarios para poner y desarrollar un proyecto de negocio.

Y este año, si todo se cumple, volveré a estar allí.

(Este post apareció inicialmente en www.emprendedores.es)

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¿No tienes otra cosa mejor que hacer que emprender?

¿Y por qué emprender? ¿No tienes otra cosa mejor que hacer? Tranquilo, que no estoy tirando piedras sobre mi tejado. Tan sólo reflexiono o pretendo que, si lees este post, también lo hagas tu.

Vale, tienes una idea o si me apuras, aún no has encontrado esa idea, pero quieres emprender, porque es lo que siempre has querido hacer pero nunca has podido o no te has atrevido a hacerlo.

Perfecto. Pero te has preguntado si esa es la mejor opción. Sí, porque emprender no siempre es la mejor opción, no es la solución a todos tus problemas y menos a los problemas del mundo, aunque muchos –ahora más– pseudogurús se empeñen en convencernos de que emprender y los emprendedores van a resolver los problemas de la humanidad. Ni mucho menos.

¿Polémico? No, tal vez, con los pies en la tierra. Y eso es fundamental. Hagas lo que haga en la vida, siempre debes tener los pies en el suelo, porque es la única forma de saber cuáles serán tus posibilidades de triunfar… y me da igual que vayas a probar suerte como emprendedor, como bailarina, como boxeador o como tornero fresador. Da igual: hagas lo que hagas siempre debes tener los pies en el suelo.

¿Y a qué viene esto? ¿es fruto de los calores del verano? Estos días preparo el dossier de nuestro número 180, de septiembre de 2012, que dedicamos a ‘poner en marcha tu plan B’. Conscientes de que mucha gente tiene el miedo en el cuerpo, porque no sabe qué va a ser de su futuro laboral, tiene en mente emprender como opción profesional y sustento de vida, la suya y la de su familia. Y eso me parece muy loable. Siempre he defendido a todos los que arriesgan –emprendiendo, bailando, haciendo deporte o haciendo papiroflexia–.

Y muchos de esos que, trabajando en la actualidad, están pensando en emprender como plan B, les animo a que no lo hagan, si lo van a hacer sólo por necesidad. Ya se que es muy fácil y cómodo decir esto cuando hay casos en los que emprender es la única opción laboral. Pero, en esos casos, ¿merece la pena? ¿merece la pena, además de haber perdido tu trabajo, perder los pocos recursos que te quedan? Y que nadie me hable de los errores, del fracaso, porque de eso algo se… Se ha desvirtuado en los últimos tiempo el concepto del fracaso. A muchos se les llena la boca con eso de ‘aprender de las experiencias’… y todo eso está muy bien, pero aquí no hablamos de ese fracaso, sino de suicidio… de saber –o mejor dicho, de no querer saber– que te la vas a pegar porque no has hecho los deberes previos. Y una cosa es fracasar por una serie de motivos concretos, tras un plan estructurado, y otra cosa bien distinta es hacerse el harakiri a sabiendas de que tienes todas las papeletas para dártela, única y exclusivamente porque ‘emprender’ es ‘lo más’, es ‘in’, es ‘lo que se lleva’, es ‘idílico’… Pues si, está muy bien para que presumas cuando vas a un evento de networking, pero para poco más.

En el reportaje, he hablado con expertos en emprendimiento ágil –que no con prisas– que me han dado la visión de que se puede cambiar el emprendimiento por necesidad por el emprendimiento por oportunidad, porque una cosa es ser ágil en el desarrollo de una idea y otra muy distinta es tener prisas. No es un dogma de fe, pero –por regla general– el emprendedor por necesidad suele ser un emprendedor con mucha prisa y el emprendedor por oportunidad debería ser –aunque no siempre– ágil.

¿Y eso qué significa? Tener prisa sólo sirve para llegar el primero a la meta en el deporte, si es que llega, pero el mundo de la empresa es un proceso a largo plazo, a muy largo plazo. Y esto no va de carreras, sino de dar pasos consistentes y firmes.

Cuando hablo de estos temas, siempre me viene a la cabeza el caso de uno de los locales comerciales que hay en la localidad donde vivo. Llevo observándolo desde hace tiempo. Y ha albergado tres negocios diferentes y los tres han acabado por cerrar sin haber llegado al año de vida, más o menos. ¿Es culpa de la crisis? Desde mi modesta opinión, no. Ahora es fácil echarle la culpa de todo a la crisis… ‘he tenido que cerrar porque los clientes han dejado de entrar…’, ‘he tenido que cerrar porque me deben dinero y no puedo hacer frente a mis pagos…’, ‘he tenido que cerrar porque…’ Cuando un negocio cierra antes de cumplir un determinado período –y un año o menos es irrisorio– la culpa no es la de la crisis, sino de las prisas por emprender, sin haber analizado antes la viabilidad del negocio. Y no hay más excusas.

El principal objetivo del citado reportaje, que podrás leer en nuestro número de septiembre, es ayudar a todos aquellos que quieran emprender a que cambien la ‘necesidad’ por una ‘oportunidad’.

Y parafraseando a mi compañero Rafael Galán: ‘No hacen falta más emprendedores, sino mejores emprendedores’. Y por el bien de todos, sobre todo, el tuyo: ¡Emprende con los pies en el suelo!

(Este post apareció inicialmente en http://www.emprendedores.es con el título ‘Con los pies en la tierra’.)

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