El error positivo

Un libro sobre cómo convertir los errores en oportunidades.

¿No tienes otra cosa mejor que hacer que emprender?

¿Y por qué emprender? ¿No tienes otra cosa mejor que hacer? Tranquilo, que no estoy tirando piedras sobre mi tejado. Tan sólo reflexiono o pretendo que, si lees este post, también lo hagas tu.

Vale, tienes una idea o si me apuras, aún no has encontrado esa idea, pero quieres emprender, porque es lo que siempre has querido hacer pero nunca has podido o no te has atrevido a hacerlo.

Perfecto. Pero te has preguntado si esa es la mejor opción. Sí, porque emprender no siempre es la mejor opción, no es la solución a todos tus problemas y menos a los problemas del mundo, aunque muchos –ahora más– pseudogurús se empeñen en convencernos de que emprender y los emprendedores van a resolver los problemas de la humanidad. Ni mucho menos.

¿Polémico? No, tal vez, con los pies en la tierra. Y eso es fundamental. Hagas lo que haga en la vida, siempre debes tener los pies en el suelo, porque es la única forma de saber cuáles serán tus posibilidades de triunfar… y me da igual que vayas a probar suerte como emprendedor, como bailarina, como boxeador o como tornero fresador. Da igual: hagas lo que hagas siempre debes tener los pies en el suelo.

¿Y a qué viene esto? ¿es fruto de los calores del verano? Estos días preparo el dossier de nuestro número 180, de septiembre de 2012, que dedicamos a ‘poner en marcha tu plan B’. Conscientes de que mucha gente tiene el miedo en el cuerpo, porque no sabe qué va a ser de su futuro laboral, tiene en mente emprender como opción profesional y sustento de vida, la suya y la de su familia. Y eso me parece muy loable. Siempre he defendido a todos los que arriesgan –emprendiendo, bailando, haciendo deporte o haciendo papiroflexia–.

Y muchos de esos que, trabajando en la actualidad, están pensando en emprender como plan B, les animo a que no lo hagan, si lo van a hacer sólo por necesidad. Ya se que es muy fácil y cómodo decir esto cuando hay casos en los que emprender es la única opción laboral. Pero, en esos casos, ¿merece la pena? ¿merece la pena, además de haber perdido tu trabajo, perder los pocos recursos que te quedan? Y que nadie me hable de los errores, del fracaso, porque de eso algo se… Se ha desvirtuado en los últimos tiempo el concepto del fracaso. A muchos se les llena la boca con eso de ‘aprender de las experiencias’… y todo eso está muy bien, pero aquí no hablamos de ese fracaso, sino de suicidio… de saber –o mejor dicho, de no querer saber– que te la vas a pegar porque no has hecho los deberes previos. Y una cosa es fracasar por una serie de motivos concretos, tras un plan estructurado, y otra cosa bien distinta es hacerse el harakiri a sabiendas de que tienes todas las papeletas para dártela, única y exclusivamente porque ‘emprender’ es ‘lo más’, es ‘in’, es ‘lo que se lleva’, es ‘idílico’… Pues si, está muy bien para que presumas cuando vas a un evento de networking, pero para poco más.

En el reportaje, he hablado con expertos en emprendimiento ágil –que no con prisas– que me han dado la visión de que se puede cambiar el emprendimiento por necesidad por el emprendimiento por oportunidad, porque una cosa es ser ágil en el desarrollo de una idea y otra muy distinta es tener prisas. No es un dogma de fe, pero –por regla general– el emprendedor por necesidad suele ser un emprendedor con mucha prisa y el emprendedor por oportunidad debería ser –aunque no siempre– ágil.

¿Y eso qué significa? Tener prisa sólo sirve para llegar el primero a la meta en el deporte, si es que llega, pero el mundo de la empresa es un proceso a largo plazo, a muy largo plazo. Y esto no va de carreras, sino de dar pasos consistentes y firmes.

Cuando hablo de estos temas, siempre me viene a la cabeza el caso de uno de los locales comerciales que hay en la localidad donde vivo. Llevo observándolo desde hace tiempo. Y ha albergado tres negocios diferentes y los tres han acabado por cerrar sin haber llegado al año de vida, más o menos. ¿Es culpa de la crisis? Desde mi modesta opinión, no. Ahora es fácil echarle la culpa de todo a la crisis… ‘he tenido que cerrar porque los clientes han dejado de entrar…’, ‘he tenido que cerrar porque me deben dinero y no puedo hacer frente a mis pagos…’, ‘he tenido que cerrar porque…’ Cuando un negocio cierra antes de cumplir un determinado período –y un año o menos es irrisorio– la culpa no es la de la crisis, sino de las prisas por emprender, sin haber analizado antes la viabilidad del negocio. Y no hay más excusas.

El principal objetivo del citado reportaje, que podrás leer en nuestro número de septiembre, es ayudar a todos aquellos que quieran emprender a que cambien la ‘necesidad’ por una ‘oportunidad’.

Y parafraseando a mi compañero Rafael Galán: ‘No hacen falta más emprendedores, sino mejores emprendedores’. Y por el bien de todos, sobre todo, el tuyo: ¡Emprende con los pies en el suelo!

(Este post apareció inicialmente en http://www.emprendedores.es con el título ‘Con los pies en la tierra’.)

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